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¿No podían haber esperado?

¿No podían haber esperado?

¡Sí, ya podían haber esperado! Estos tíos de la DGT (coño, si son mis siglas) no sólo tienen un afán recaudatorio reconocido por todos sino que encima son unos aguafiestas. Dejadme que os cuente.

Ayer volví de pasar una quincena estupenda en las playas de Almería. La primera semana sólo con mi mujer y mis hijas, y la segunda también con amigos-familia. Playa, piscina, lectura, paellas, tintos de verano, pescaditos… Vamos que Desconexión total, bueno, casi total. Desde que di el paso para ser empresario, siempre me rondan ideas de nuevas para seguir emprendiendo. Y es que emprender es una droga placentera cercana al clímax.

Bueno, al grano.

Esta mañana, y aunque todavía tengo unos días más para descansar, he hecho un alto en el camino y me he ido a la oficina un rato. Entre el correo ordinario pendiente, me he encontrado con una cartita de la DGT. Multa que me crió. 100 eurazos por ir a 130 km / h cuando sólo se podía ir a 120. Toma, por pringao. Vale, muy bien, como abogado en excedencia eterna que soy, tengo conciencia de la legalidad. Pero, joder, ¿no podían esperar un poco y no fastidiar las vacaciones de la gente?

Y ahora, a esperar las multas del trayecto de vuelta. Estoy cabreado, digo… indignado. Eso, eso, estoy IN-DIG-NA-DO y me voy a comprar una flauta (o como se llame) para que me avise de los radares.


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